Tras unos meses de uso prolongado del iPad Pro de 12,9 pulgadas con chip M5, puedo afirmar que estamos ante uno de los dispositivos más avanzados que Apple ha creado hasta la fecha. No se trata únicamente de una tablet potente, sino de una herramienta capaz de integrarse de forma real en flujos de trabajo profesionales, manteniendo al mismo tiempo la portabilidad y la versatilidad que caracterizan al iPad y que a mi me gusta mucho usar.
El principal protagonista de esta experiencia es el chip M5. Desde el primer momento, el rendimiento es sobresaliente. Las aplicaciones se abren de manera instantánea y la multitarea es extremadamente fluida, incluso con varias apps exigentes ejecutándose de forma simultánea mediante Stage Manager. Tareas como la edición de vídeo en alta resolución, el retoque fotográfico avanzado o el trabajo con gráficos complejos se realizan sin ralentizaciones ni interrupciones, ofreciendo una sensación constante de potencia sostenida.
Un aspecto que destaca especialmente es la eficiencia energética y térmica. A pesar de la carga de trabajo, el iPad Pro se mantiene frío y silencioso, sin signos de throttling perceptible. La autonomía acompaña bien este rendimiento, permitiéndome utilizarlo en jornadas muy largas de uso sin la necesidad de estar pendiente del cargador, algo fundamental para un dispositivo pensado para la movilidad.
Una pantalla que no te dejará indiferente
La pantalla Liquid Retina XDR de 12,9” continúa siendo uno de los grandes argumentos del iPad Pro. El uso de tecnología mini-LED proporciona un nivel de brillo, contraste y profundidad de negros excelente. La fidelidad de color y la compatibilidad con contenidos HDR convierten esta pantalla en una herramienta ideal para profesionales de la imagen y el vídeo, así como en un panel excepcional para consumo multimedia. Además, la tasa de refresco adaptativa ProMotion aporta una fluidez notable en la interacción diaria.
En cuanto a productividad, el iPad Pro alcanza su máximo potencial al combinarlo con accesorios como el Magic Keyboard y el Apple Pencil. El teclado transforma el dispositivo en una estación de trabajo portátil, mientras que el Apple Pencil ofrece una precisión sobresaliente para ilustración, anotación y diseño. Esta dualidad entre entrada táctil, lápiz y teclado sigue siendo uno de los mayores puntos fuertes del iPad frente a otros dispositivos.
No obstante, iPadOS sigue marcando ciertos límites frente a un ordenador tradicional, especialmente en tareas muy específicas o flujos de trabajo que requieren software de escritorio completo. Aun así, el hardware del iPad Pro con M5 está claramente preparado para un uso profesional más amplio del que el sistema operativo permite actualmente.
En conclusión, mi experiencia con el iPad Pro de 12,9” con chip M5 ha sido muy positiva. Es un dispositivo potente, eficiente y versátil, que se acerca más que nunca a sustituir a un portátil en muchas situaciones, sin renunciar a la experiencia única que ofrece el formato tablet.


